Navarro Pareja: “Debemos formar unos alumnos que sean autónomos, capaces de construir su propio aprendizaje”

Director del Colegio Diocesano, José Ramón Navarro Pareja, colabora con colegios que apuestan por transformar la educación atendiendo a tres ejes: la implementación de una metodología que convierte al alumno en protagonista de su propio aprendizaje; La introducción de la tecnología en el modelo “uno uno uno”, de la manera que mar una herramienta, ninguna hora última; Y la modificación de los espacios educativos para hacerlos más versátiles, abiertos y cómodos.

En su trabajo ha utilizado el mobiliario para reorganizar los espacios no sólo de aprendizaje, sino también de ocio de los alumnos. ¿Es algo en lo que los centros invertir para incentivar el aprendizaje?

Navarro Pareja: Claro. Y no sólo la distribución del mobiliario, sino en la incorporación de mobiliario que en principio no está diseñado específicamente para el aula, como sofás, sillones, puffs, cojines, cajas y hasta tendederos de ropa. Además, aplicado en todo el colegio, en pasillos, espacios comunes, patios, baños … Así, cuando se empieza a cambiar la metodología de trabajo en el aula, hacemos que los estudiantes sean más autónomos y, además, respetamos sus diferentes formas De aprender En esta situación, nos damos cuenta que la clase tradicional no sirve.

 La disposición clásica de las aulas, con los pupitres individualizados mirando al profesor y la pizarra no hay que enseñar al alumno a trabajar en grupo, un compartir, un mensaje, un ser crítico, ni tan siquiera un ser creativo. Para que necesite un entorno en el que el alumno se sienta cómodo, en el que el apetezca trabajar, en el que puede compartir con sus compañeros, colaborar con otros. Un espacio, en definitiva, en el que quiera quedarse!

 Para ello hay que conseguir en cada clase y en todo el colegio que facilita la reflexión, la reunión y el trabajo en grupo, el estudio intensivo, la presentación de proyectos y el trabajo creativo.

Ser más autónomos, desarrollar la creatividad y trabajar en grupo son una hoja de ruta que cada vez está más implantada en la enseñanza. Sin embargo, muchos padres y padres preocupados, en primer lugar, el rendimiento académico. ¿Cómo puede mejorarlo el mobiliario, la decoración o la distribución del aula?

Navarro Pareja: Hablar de mejora de rendimiento me parece un poco prematuro y frívolo. La verdad es que no hay estudios bien que que otros espacios u otros suben las notas. Tampoco creo que un factor por sí mismo determinante del mar. Sin embargo, en los que los alumnos se sienten cómodos y trabajan bien, el rendimiento de los alumnos es mejor. Yo mismo he comprobado que los alumnos actúan de forma diversa en función de los espacios en los que están. En una clase tradicional, cuando el suena el timbre del recreo el tiempo de evacuación es de récord. En unas aulas como las que se describen, hay niños que piden permiso para quedarse, un trabajo, charlar tranquilamente con sus compañeros, simplemente descansar.

En este sentido, ¿cómo puede ser el aula perfecta?

Navarro Pareja: Amplia, luminosa, cálida, cómoda y con diferentes espacios. Esas necesidades son muy parecidas En todas las edades, por lo que la diferencia principal casi seguro que es el tamaño de la muebles y la decoración de la aula. En lo demás, no se puede diferenciar mucho de un niño de la sala de profesores.

Una de las líneas que cada vez se está aplicando más en los centros, es la mejora de la relación entre los profesores y los alumnos. Hasta ahora, el modelo habitual era el de la clase magistral, con el profesor frente a los alumnos. ¿Puede influir en la distribución del mobiliario en esta relación?

Navarro Pareja: Totalmente. En un aula con las mesas separadas, en filas y mirando todas hacia la pizarra, y al profesor elevado en una tarima la única relación posible es unidireccional, del profesor hacia los alumnos. Cuando configuramos a los alumnos en grupos y retiramos la mesa del profesor, obligamos a que el profesor cambie su metodología. No vas a estar toda una hora hablando a alumnos que, quizás te están dando la espalda. Al contrario, el profesor, tiene que moverse por la clase, acercarse a los alumnos, pararse en aquellos que más necesiten de su ayuda, ponerse a su nivel.

No sólo son estos factores los que intervienen en un mejor aprendizaje. La tecnología se ha implantado en las aulas y parece tener la intención de quedarse y expandirse. ¿Cree que podría llegar a ser incompatible la tecnología con una nueva forma de enseñanza?

Navarro Pareja: ¿Es incompatible la tecnología con cualquier aspecto de nuestra vida? La utilizamos para comprar, para estar más seguros y comunicados, para mejorar nuestra calidad de vida, para curarnos o ser más sanos. ¿Por qué entonces hay quien quiere que se renuncie a ella en la escuela? No es incompatible, es necesaria porque forma parte de nuestra vida y por tanto también debe estar en ese lugar en el que formamos a las nuevas generaciones para la vida.

Otra cosa es mal uso que se pueda hacer de ella. Algo que, además, suele ocurrir en el entorno familiar. ¿Cuántos padres le dan el teléfono móvil a los niños para que se estén quietos y callados en un restaurante o en una conversación con amigos y luego se acaban quejando de que sus hijos son unos adictos a internet y los juegos? Precisamente, la tecnología bien implantada en la escuela, sirve para lo contrario, para utilizarla de forma que nos haga la vida más fácil y cómoda.

¿Hay que fomentar un aprendizaje desde el juego, la diversión y lo emocional? ¿O es preferible continuar con las técnicas tradicionales?

Navarro Pareja: Hemos de aprender de lo que realmente motiva a los alumnos. Por ejemplo. Le decimos a un adolescente que le vamos a encargar un proyecto que le va a requerir más de cien horas de trabajo. Un proyecto que no sabe hacer y para el que nadie le ha enseñado, y para el que tendrá que aprender sobre la marcha. Un proyecto en el que se va a equivocar muchas veces y que, cuando esto ocurra, tendrá que volver a comenzar de cero. Un proyecto para el que nadie l va a supervisar y que sólo conseguirán si ponen todo su esfuerzo y empeño en conseguirlo y que, cuando lo acabe, la única recompensa va a ser la satisfacción de haberlo conseguido. ¿Qué nos diría? Lo más seguro es que nos mandara a paseo porque preferiría jugar con la consola en vez de algo tan costoso.

Pero, piénsalo bien. Lo que acabo de definir es en realidad ¡un videojuego! Les supone todos esos retos y, sin embargo, son capaces de dedicarles horas sin que nadie se lo pida. Los fabricantes de videojuegos han conseguido enganchar y motivar a nuestros alumnos en algo tan costoso y largo. ¿Por qué no utilizamos esos mismos mecanismos en el aula? Y no me refiero a jugar o cambiar la pizarra por una consola, sino en descubrir lo que de verdad les motiva para engancharles de esa forma en el aprendizaje.

Otro elemento acertado es el emocional. Las últimas investigaciones en neurociencia muestran claramente lo relacionado que está lo emocional con el aprendizaje. Intenta recordar al profesor o la profesora que más te marcó en Primaria. ¿Lo hizo por su elocuencia o sabiduría? Seguro que no, estoy casi seguro que te influyó por su empatía, por su capacidad de conectar contigo.  Hay muchas personas a quienes esta influencia positiva les ha marcado tanto que les ha ayudado a elegir su profesión, su estilo de vida, sus sueños…

Con tantos cambios, muchos se pueden plantear la validez de las técnicas de enseñanza tradicionales. ¿Realmente funcionan?

Navarro Pareja: Funcionan claro, depende de para qué. Con una enseñanza tradicional conseguimos que una parte de los alumnos -porque otros muchos se descuelgan- aprendan una gran cantidad de contenidos y que todo eso les sirva para aprobar exámenes. Es como en la autoescuela. Nos aprendemos las normas de tráfico y practicamos, una y otra vez, hasta aprobar el examen. ¿Pero sabemos conducir cuando nos dan el carnet? Creo que coincidimos en que no. El verdadero aprendizaje comienza después, cuando nos ponemos al volante y, paradójicamente, comenzamos a olvidar muchas cosas que aprendimos de memoria, aunque nos quedamos con lo significativo, con lo que realmente necesitamos.

¿Queremos convertir el colegio en un curso de autoescuela que dure quince años? Es por eso que debemos encaminar al alumno más hacia la compresión que a la memorización, para que sean capaces de entender el porqué del aprendizaje y aplicarlo en diferentes situaciones. Debemos formar unos alumnos que sean autónomos, capaces de construir su propio aprendizaje, ya que ni siquiera saber qué profesiones van a tener. De hecho, casi seguro de que aún no existe.

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