Un comedor escolar debe estar preparado para albergar a decenas o incluso cientos de alumnos que entren, se sienten, coman y abandonen el espacio de forma organizada. Pero no se trata de ser únicamente funcional, también debe resultar cómodo, facilitando el trabajo de los monitores, simplificando la limpieza y adaptándose a alumnos de diferentes edades.
Por eso, la distribución de un comedor escolar no basta con calcular cuántas mesas caben en una sala. Hay que estudiar el número y edad de los usuarios, recorridos, estudiando cómo se sirve la comida, turnos previstos y la posibilidad de reorganizar el espacio.
La distribución de un comedor escolar debe encontrar el equilibrio entre capacidad y comodidad.
¿Por dónde empezar a diseñar un comedor escolar?
Antes de decidir dónde colocar las mesas conviene dar respuesta a una serie de preguntas. Conocer cuántos alumnos utilizarán el comedor simultáneamente y las edades de los mismos permitirá determinar si habrá diferentes turnos. Definir si los alumnos recogerán la comida en línea de servicio o se servirá directamente en las mesas, determinando por dónde entrarán y saldrán y dónde se dejan y recogen las bandejas.
La respuesta a estas preguntas permite dibujar los flujos que se producen durante el servicio identificando:
– acceso al comedor;
– recorrido hasta las mesas;
– zona de servicio o recogida de comida;
– mesas y asientos;
– circulación de alumnos y monitores;
– recogida de bandejas;
– salida;
El objetivo es evitar, en la medida de lo posible, que estos movimientos se crucen constantemente, haciendo recorridos accesibles, evitando aglomeraciones.
¿Cómo distribuir las mesas y los recorridos?
La distribución debe permitir que alumnos y personal puedan desplazarse con comodidad incluso cuando todas las mesas están ocupadas.
Partiendo de la base de que no existe una separación entre mesas normalizada para aplicar a cualquier comedor escolar. Las dimensiones dependerán del mobiliario elegido, del número y edad de los alumnos, de los recorridos de evacuación y de la normativa de accesibilidad aplicable al edificio.
Por eso es tan importante diseñar la distribución dejando itinerarios claros y continuos, evitando que mesas, sillas u otros elementos invadan las zonas de circulación.
Conviene tener presente, además, diferentes escenarios. Una mesa no ocupa únicamente las dimensiones de su tablero. Hay que sumar el espacio que necesitan las sillas cuando están ocupadas y el necesario para que una persona pueda levantarse mientras otros alumnos o monitores pasan detrás.
¿Mesas rectangulares o redondas?
Tampoco en esto existe una única configuración correcta.
– Las mesas rectangulares permiten ordenar fácilmente el espacio y crear composiciones lineales. También pueden agruparse y separarse para modificar la capacidad o la distribución.
– Las mesas circulares generan otro tipo de interacción entre los alumnos y pueden ser interesantes cuando queremos crear grupos reducidos y favorecer la conversación.
Más importante que escoger una forma concreta es utilizar mesas que permitan que la configuración responda a las necesidades del centro. Incluso pueden combinarse distintas geometrías dentro del mismo comedor.
Un comedor escolar no tiene por qué tener una única distribución
Este es probablemente uno de los cambios más interesantes en el diseño actual de estos espacios.
Tradicionalmente, un comedor se concebía mediante filas de mesas y sillas que permanecían prácticamente invariables durante todo el curso.
Sin embargo, el comedor puede ser un espacio mucho más flexible.
Utilizar mesas móviles, plegables o fácilmente apilables permite modificar su configuración según el número de comensales y liberar superficie cuando sea necesario. El mobiliario dejaría así de condicionar el espacio y comenzaría a trabajar a favor de él.
Por ejemplo, un mismo comedor podría adoptar una distribución más compacta durante el servicio de comidas y transformarse posteriormente para desarrollar actividades, reuniones o celebraciones del centro.
En FG contamos con soluciones específicas para comedores escolares, con mesas y sillas diseñadas teniendo en cuenta aspectos especialmente importantes en estos entornos como la movilidad, la resistencia, el apilamiento y la facilidad de limpieza.
El mobiliario debe adaptarse a la edad de los alumnos
Un comedor utilizado por niños de Educación Infantil no debería configurarse exactamente igual que uno destinado a estudiantes de Secundaria. La altura y dimensiones de mesas y sillas deben adaptarse a las características de los usuarios.
Especialmente cuando el comedor acoge diferentes etapas educativas, podemos crear zonas diferenciadas mediante el propio mobiliario.
Los alumnos más pequeños pueden disponer de mesas y sillas adaptadas a su tamaño, mientras que los mayores pueden utilizar otras configuraciones.
Esta zonificación también ayuda a los monitores a identificar visualmente los diferentes grupos y organizar mejor los turnos.
Muebles fáciles de mover, pero preparados para un uso intensivo
En un comedor escolar se produce una pequeña paradoja: necesitamos muebles suficientemente ligeros para poder reorganizarlos, pero suficientemente robustos para soportar un uso diario muy intenso.
Una silla puede utilizarse varias veces durante cada jornada y durante muchos cursos escolares. Lo mismo sucede con mesas y otros elementos. La elección del mobiliario debe considerar:
– resistencia, durabilidad y estabilidad;
– facilidad de movimiento, apilado y limpieza;
– bajo mantenimiento;
– y adaptación a la edad del alumnado.
La posibilidad de apilar mesas y sillas adquiere especial importancia cuando el comedor tiene un uso polivalente.
Un ejemplo es la Mesa Ágil de FG, que permite diferentes configuraciones y facilita liberar espacio cuando las mesas no están siendo utilizadas porque es plegable.
Este tipo de soluciones resulta especialmente útil cuando el centro necesita transformar rápidamente el comedor.
¿Cómo organizar un comedor escolar pequeño?
Si el espacio dedicado al comedor del centro educativo dispone de pocos metros cuadrados, la solución no debería ser simplemente introducir más mesas.
En un comedor pequeño hay que trabajar especialmente tres variables: capacidad, circulación y flexibilidad.
Una primera posibilidad consiste en organizar diferentes turnos de comida. De esta forma, el espacio no tiene que asumir simultáneamente toda la capacidad del centro.
La segunda consiste en elegir mobiliario que aproveche bien la superficie disponible y que pueda reconfigurarse fácilmente.
Mesas modulares o móviles permiten modificar las agrupaciones en función del número de alumnos de cada turno. Las sillas apilables facilitan igualmente liberar espacio cuando no son necesarias. También es importante evitar muebles auxiliares que ocupen superficie de circulación sin aportar una función clara. En espacios reducidos, cada elemento debería responder a una necesidad concreta.
La acústica también forma parte de la distribución
Uno de los problemas habituales de los comedores escolares es el ruido. Muchas personas hablando simultáneamente, movimiento de sillas, bandejas o cubiertos cayendo pueden convertir el comedor en un entorno acústicamente exigente.
El problema no se resuelve únicamente con el mobiliario, pero su selección y distribución pueden contribuir.
En lugar de crear una única superficie completamente homogénea con largas filas de mesas, podemos estudiar agrupaciones que ayuden a organizar visualmente el comedor y evitar concentraciones innecesarias.
También conviene prestar atención al ruido producido al desplazar las propias sillas y mesas. Detalles aparentemente pequeños como los materiales utilizados en las patas, conteras o elementos de contacto con el suelo adquieren importancia cuando multiplicamos ese sonido por decenas de alumnos moviendo sus sillas simultáneamente.
¿Qué decoración facilita el uso cotidiano del comedor?
La decoración de un comedor escolar no debería plantearse únicamente desde un punto de vista estético. Color, iluminación y señalización pueden ayudarnos a organizar el espacio.
Podemos utilizar diferentes colores para identificar zonas destinadas a distintos grupos o edades. Una señalización sencilla puede indicar dónde recoger las bandejas, dónde depositarlas o cuál es el sentido de circulación. También podemos recurrir al color del propio mobiliario para crear diferentes ambientes sin necesidad de levantar separaciones físicas.
El comedor debería resultar agradable y acogedor, pero evitando una acumulación de elementos decorativos que dificulten la limpieza o generen contaminación visual. No debemos olvidar que, además de cumplir una función alimentaria, el comedor es un espacio de convivencia dentro del centro educativo.
Accesibilidad: diseñar el comedor para todos
La accesibilidad debe plantearse desde el comienzo del proyecto y no como una adaptación posterior. Por ello, la disposición del mobiliario debe permitir una utilización segura y autónoma por parte de alumnos con diferentes necesidades y mantener libres los itinerarios accesibles.
Debemos conseguir un espacio accesible para acceder y moverse por el comedor (para acceder a la comida, a la mesa, sentándose sin complicaciones, depositar las bandejas y salir del comedor sin provocar aglomeraciones, requiere crear recorridos despejados.
Por este motivo no recomendamos aplicar de forma automática una determinada distancia entre mesas. El proyecto debe estudiar las características concretas del espacio y cumplir la normativa de accesibilidad, seguridad y evacuación que corresponda.
Errores frecuentes al distribuir un comedor escolar
A la hora de diseñar la distribución de un comedor escolar, es fácil cometer ciertos errores que pueden comprometer la funcionalidad del espacio y la comodidad de los usuarios. A continuación, repasamos algunos de los errores más comunes que conviene evitar durante la planificación.
– Intentar conseguir el máximo número posible de plazas: Más capacidad no significa necesariamente una mejor distribución cuando el espacio es limitado. Un comedor excesivamente ocupado puede dificultar el movimiento de alumnos y monitores.
– Diseñar sin tener en cuenta los recorridos: La distribución puede parecer perfecta sobre un plano y dejar de funcionar en cuanto comienzan a circular alumnos con bandejas. Hay que imaginar el comedor en funcionamiento.
– Utilizar mobiliario difícil de mover: Si cada cambio de configuración requiere demasiado esfuerzo, probablemente el espacio terminará manteniendo siempre la misma distribución.
– Elegir todas las mesas y sillas iguales independientemente de la edad: Cuando diferentes etapas educativas comparten comedor, debemos valorar las características antropométricas de sus usuarios.
– No pensar en la limpieza: Las superficies deben ser accesibles y los materiales adecuados para un espacio que necesita una limpieza frecuente.
– Diseñar únicamente para la hora de comer: Especialmente cuando el centro dispone de pocos espacios, un comedor flexible puede convertirse fuera del horario de comidas en una sala para actividades, reuniones, talleres o eventos.
Te ayudamos a diseñar tu proyecto de comedor escolar
Una buena distribución es aquella que permite que personas, mobiliario y servicio funcionen conjuntamente sin interferencias innecesarias. Diseñar un comedor escolar implica tomar decisiones sobre capacidad, recorridos, distribución, edades de los alumnos, mantenimiento y mobiliario.
En FG podemos ayudarte a plantear el proyecto desde una perspectiva global: estudiar el espacio, diseñar su distribución y seleccionar el mobiliario más adecuado para conseguir un comedor funcional, duradero y adaptado a las personas que van a utilizarlo cada día.
Nuestra experiencia como fabricantes de mobiliario escolar nos permite trabajar el proyecto teniendo en cuenta no solo cómo quedará el comedor cuando esté terminado, sino algo todavía más importante: cómo funcionará después de años de uso cotidiano.
Si estás diseñando un nuevo comedor o quieres renovar el existente, contacta con Federico Giner y cuéntanos las características de tu proyecto.