Marta Grañó: “Un aula óptima puede mejorar un 25% el rendimiento de las aulas”.

Entrevistamos a Marta Grañó, investigadora y divulgadora en Educación e Iniciativa Emprendedora. Compagina la actividad docente en ESADE como colaboradora académica y tutora en asignaturas de Emprendedurismo con su trabajo de investigación de Doctorado sobre Educación e Iniciativa Emprendedora. Es licenciada en Administración y Dirección de Empresas y MBA por ESADE.

La educación no deja de evolucionar y en estos tiempos es habitual escuchar conceptos como educación en valores, proyectos o inteligencias múltiples que deben desarrollarse en el aula, ¿cuáles serán las claves de la educación en los próximos años?

Marta Grañó: La educación va a cambiar, y mucho. Personalmente, estoy convencida de que los cambios irán hacia el objetivo de personalizar la educación a cada alumno, que se mejorará la formación en habilidades y que entraremos en un sistema de formación continua, imprescindible en nuestra “sociedad del aprendizaje” para adaptarnos a los cambios que se producen continuamente.

Para conseguirlo, se están introduciendo novedades pedagógicas como la educación emocional y el reconocimiento de las inteligencias múltiples de Gardner y se están trabajando nuevas competencias en educación, que resultan fundamentales, como son la competencia de “aprender a aprender” y la competencia de fomentar el “sentido de la iniciativa y el espíritu emprendedor”.

¿Se está consiguiendo avanzar hacia un aprendizaje personalizado, que logre aprovechar las cualidades y capacidades de cada alumno? ¿Cómo?

Marta Grañó: La educación tiene el objetivo de conseguir que cada niño alcance su máximo desarrollo personal en todas sus facetas, por lo que es necesario no sólo ofrecerle contenidos que debe aprender o memorizar, sino también realizar un trabajo de creación de itinerarios personales de aprendizaje que se adapten a cada alumno.

El aprendizaje personalizado se apoya en la premisa de que cada persona es diferente y aprende también de una forma distinta, y se está avanzando en este ámbito. Requiere de un esfuerzo importante por parte de los centros y de los profesores en este proceso, en el que ya no son meros transmisores de conocimientos, sino que son también coach de sus alumnos, en el sentido de que deben no sólo enseñar, sino crear las condiciones para necesarias para aprender y crecer.

El aula tradicional poco a poco va dejando paso a otras configuraciones y posibilidades en la relación entre alumno y profesor y entre los propios alumnos. ¿Cómo influye en ese sentido el mobiliario? ¿Cuáles son las necesidades reales a las que debe responder?

Marta Grañó: El entorno físico en el que se desarrollan las clases incide en el aprendizaje, sin duda. Siempre me ha sorprendido ver tantos centros con unas aulas idénticas a aquéllas en las que estudié yo hace tantos años. Con los cambios tan significativos que se han producido en el mundo, ¿cómo es posible que las aulas sigan distribuidas igual que hace décadas, con mesas y pupitres alineados uniformemente frente a la pizarra y el profesor? Este tipo de aulas se diseñaron para ofrecer una educación que se basaba en la transmisión de conocimientos, un sistema basado en escuchar y repetir respuestas.

Pero hoy ya no sirve repetir respuestas. En un mundo en el que todo cambia a gran velocidad, el sistema de aprendizaje es distinto y los alumnos han pasado a tener una participación más activa en su sistema de aprendizaje, el trabajo en grupo es importante, se deben potenciar habilidades como la comunicación… y todo ello nos lleva a un modelo de aulas que permita una mayor interacción entre los alumnos y que estimule la creatividad de los niños.

Mesas y sillas que se puedan distribuir de diferentes modos, en función del trabajo que se realiza en cada momento, espacios cómodos en los que los alumnos puedan trabajar de forma individual o en grupo y zonas que permitan exposiciones en público de los alumnos.

La universidad británica de Salford ha analizado el impacto que tiene el aula en el proceso de aprendizaje, y ha concluido que un aula en condiciones óptimas puede mejorar un 25% el rendimiento de los alumnos.

¿En qué medida son importantes las cualidades y la distribución de ese mobiliario si atendemos a etapas educativas diferentes, como son infantil, secundaria y educación superior?

Marta Grañó: Cada edad tiene sus necesidades concretas. Aunque comparten algunos elementos en común, como las zonas para trabajar en grupo o la importancia de la luz natural en las aulas, es evidente que las aulas de la etapa infantil necesitan zonas de juego, cojines grandes y un mobiliario especial para su edad.

Por su parte, para los más mayores, además de la versatilidad de las aulas, crear una zona con gradas para facilitar la comunicación es un acierto, ya que contribuye a facilitar la proactividad de los niños, les ayuda a adquirir el hábito de hablar en público ante otras personas y subraya que los protagonistas son ellos, los alumnos.

¿Qué consejos podría ofrecer a centros y profesores que se planteen configurar un aula para el próximo curso?

Marta Grañó: Para mejorar la configuración de las aulas, siempre resulta una buena idea visitar otros centros que ya han iniciado este camino, para ver ‘in situ’ cómo son las nuevas aulas y comprobar cómo se mueven los alumnos en ellas. A partir de ahí, se debe realizar un proceso de análisis en detalle para valorar si el sistema que han adoptado en esos centros es el mejor para mi centro, porque es posible que algunos aspectos sean muy válidos, pero probablemente otros no.

En las charlas que imparte a profesores, ¿cuáles son sus principales inquietudes en general y, en particular, en cuestión de mobiliario?

Marta Grañó: A los profesores, como profesionales de la educación, les interesa conocer qué distribución de las aulas funciona mejor con los alumnos y sus preguntas suelen ir en este sentido.

Me preguntan especialmente por las gradas, pero también sobre cómo es el área de los profesores en este tipo de centros, que suele ser una zona tipo “pecera”, al lado del aula, comunicada visualmente con un cristal que sirve de separación.

Que el mundo haya cambiado no es nada nuevo y que se necesiten nuevos modelos educativos, tampoco. Ahora es momento de pasar a la práctica y de trabajar en el marco de los nuevos sistemas. Las metodologías pedagógicas están cambiando. Si vemos que las bibliotecas o los museos han introducido cambios arquitectónicos para adaptarse a los nuevos tiempos, es evidente que las escuelas también deberán hacer lo mismo. La transformación del aula es una parte más del cambio educativo.

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